DULCE PECADO

Muchachita de la tarde que entregaste tu tibia primavera,
diaria tentación que resucitó mis otoñales placeres,
gatuna que te arrullabas invitando a todos los pecados,
amante que se hizo mujer sin olvidar su hechizo cotidiano,
miradas, aromas, tacto y gusto, puerto al que lograste llegar,
mañana incierto, sabiendo que de igual manera no volveré a gozar.
(El Poeta del Atardecer)

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