UN HUMILDE PERRO

Me gustas, y no lo niego

me apasionas y me enloqueces.

Te miro y me deslumbre...

Pareces un lucero.



Imagino que no eres tú,

que eres otra, la mujer de mis sueños.



Eres carismática y me gusta,

eres cariñosa y me encelo.





No quiero siquiera pensar

en que otros brazos te pudieran tocar,

en que otros labios te pudieran besar,

en que llegue el día, en que me dejes de amar.



Mira, tu sabes lo que soy, un simple enamorado más,

otro tonto que manipulas a tu disposición.



Pero...No me dejes, no me abandones,

que yo prefiero la vida miserable de perro

tuyo domesticado por ti, a ser tu verdugo,

tu temor, y la sombra en tu vida.



Ves...me humillo, me destrozo, y me arrastro,

te pido perdón sin causa alguna.

Y todo, yo, yo tengo la culpa,

por seguir junto a ti, por esperarte cada día,

y aguardar en la noche,

una posible e inesperada llamada.



Te amo y no lo puedo evitar,

pues al mirar la rosa florecer,

recuerdo aquel día en que te vi

hacerte mujer por primera vez.

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