FLOR DE LUNA

Una de aquellas noches en que hasta Dios medita,
un mago oriental tuvo la singular fortuna
de recoger el hilo de un rayo de luna
y envloverlo en el arte de una urdimbre exquisita.

Buscó el jardín de encanto que nunca se marchita;
y, en un rincón de amores, junto a una azul laguna,
logró enterrar el rayo, que allí quedó, hasta que, una
mañana, de aquel punto, brotró una margarita.


Tú eres la flor de plata con corazón de oro:
todas las margaritas del cielo te hacen coro,
al desdoblar la noche su palio de tisú;

Y así es cómo, en tu imperio de mármol de Carrara,
aún la misma Luna, cuando te da en la cara,
apenas me parece tan blanca como tú...

José Santos Chocano

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